Marsella la bella, recorrido por la ciudad y visita a “La Máquina para vivir” una de las obras icono del arquitecto suizo-francés Le Corbusier

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La privilegiada ubicación de la ciudad sobre el mar Mediterráneo, hace de Marsella una ciudad y puerto de gran desarrollo y singular belleza que fue evolucionando a lo largo de la historia. Su importancia la ha convertido en Capital de la región conocida como La Provenza, en el sur de Francia a unos 800 kilómetros desde Paris.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos datos de su historia

Diversos datos arqueológicos atestiguan que Marsella habría sido habitada desde la prehistoria, hace más de 25000 años. En el mismo centro de la ciudad también se han descubierto construcciones, probablemente viviendas, del VI aC. Su ubicación sobre el mar fue punto de llegada y partida de pueblos que en la época arribaban interesados en la zona y con los cuales, los habitantes intercambiaban mercaderías y conocimientos como los relacionados con la construcción en piedra, agricultura y ganadería.

La ciudad seria fundada en el siglo VII aC, con el nombre de Masalia que luego derivaría en Marsella. Las tribus celtas que habitaban en el norte se relacionaron también con el pueblo griego a quien algunos historiadores le atribuyen la fundación de la ciudad y más tarde también los romanos arribarían a la región con su imperio.
La elaboración y comercialización del vino fueron desde esos tiempos actividades de gran importancia para el área. La ciudad sufrió saqueos y ataques por parte de los musulmanes en el siglo IX. Mas tarde en el siglo XV, el rey de Sicilia llega a Marsella, realizando un gran aporte gracias al cual la ciudad florecería nuevamente, la ciudad construye murallas y defensas. Al final del siglo XV se uniría a la región de la Provenza.
A fines del siglo XVIII parte de la población participa en la Revolución Francesa, dirigiéndose muchos a Paris y entonando en el camino una canción, La Marsellesa, que sería más tarde tomado como canción Patria de Francia. La ciudad sufrió severos ataques durante la segunda guerra mundial, debiendo llevarse a cabo grandes trabajos de reconstrucción. Hoy la ciudad cuenta con el Puerto más importante sobre el Mediterráneo.

Marsella es una ciudad para caminarla y disfrutarla a cada paso, descubriendo en cada rincón, en cada calle, en su puerto, en sus paseos costeros y en sus parques, un valioso patrimonio. Es recomendable la visita al puerto comercial y deportivo. Sobre el Vieux Port, se ubica una gran esplanada con diferentes atracciones, en un ambiente muy acogedor para disfrutar en familia, donde podremos apreciar también numerosas embarcaciones de diversas envergaduras que hacen escala o “tiran amarras” en esta estupenda ciudad. Siguiendo hacia el norte, pasando delante de la Catedral, continua un paseo marítimo con espacios abiertos y ajardinados que invitan tanto al recorrido como asi también al descanso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que particularmente sentí como el corazón de la ciudad, si bien no se encuentra en el casco urbano, es la Basílica de Notre Dame de La Garde, al sur de Vieux Port. La cual puede apreciarse desde cualquier punto en el que nos encontremos dentro del casco urbano, ya que está ubicada en una posición elevada a 150 metros sobre el nivel del mar, sobre una fortaleza existente. Es conocida también como la iglesia de la Buena Madre, perteneciente a la religión católica, fue construida a mediados del siglo XIX, en estilo románico – bizantino. La cripta se encuentra directamente excavada en la roca. El campanario de la iglesia tiene 40 metros de alto y esta coronado con una dorada imagen de 11m de alto de la Virgen con el Niño. Nuestra Señora de la Guarda es para pescadores y navegante su fiel guardiana.

La Basílica destaca por sus valiosos elementos decorativos. Los variados colores de los materiales utilizados, mármoles, piedra y de los estucos en el interior, hacen resaltar los volúmenes que la componen, tanto fuera como dentro del templo. En el exterior la alternancia de piedra en colores verde y blanco, dan a sus fachadas una belleza especial, admirable en todo el perímetro.
En el interior de la iglesia superior, Se utilizaron mármol de Carrara, mosaicos de Venecia y también mármol rojo proveniente de Brignoles. Tanto la policromía de los mosaicos, rojo y blanco, como los estucos que decoran sus muros y elementos compositivos en el interior, dan al templo un místico ambiente de profundo recogimiento, tranquilidad y quietud. La cripta en cambio, si bien genera un ámbito de espiritualidad, es de una construcción totalmente austera y desnuda de decoración. Sobresalen las magníficas cúpulas.

A finales del siglo XIX se construyó un funicular con el fin de facilitar el acceso a la basílica de todos los peregrinos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iglesia Catedral, Santa Maria la Mayor
Construida a final del siglo XIX en estilo románico bizantino, se encuentra ubicada vecina al puerto, al Norte de Vieux Port y al oeste del centro urbano. El edificio es de planta de cruz latina. Su fachada principal consta de un majestuoso pórtico principal con torres a cada uno de los lados. En el exterior, al igual que la basílica de Notre Dame de Garde, las fachadas alternan los mármoles y piedra blanco y verde, lo que le da riqueza y aporta belleza a la totalidad del conjunto. El interior de la nave, que utiliza mármol y pórfido, tiene una longitud de 140 metros de longitud. La altura alcanza los 20 metros de altura. También en este templo, los coloridos mosaicos utilizados, otorgan al interior un ambiente de espiritualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Unidad de habitación de Marsella – Le Corbusier –
La propuesta de un edificio que funcione con total autonomía, cubriendo las exigencias y necesidades de quienes habitaran en él, es un proyecto en el que el arquitecto suizo – francés Le Corbusier, venía trabajando desde hacía tiempo con el fin de dar una propuesta de ordenamiento a las ciudades modernas. Pretendiendo asi también solucionar los problemas urbanos de distribución, circulación e infraestructura que según le Corbusier comenzaban a percibirse con la evolución de las ciudades.
El proyecto para las Unidades de Habitación o “Maquinas para vivir”, como suelen llamarse, reuniría en edificio autosuficiente, no solo las viviendas si no todo lo que sus habitantes necesitaran para abastecerse, contemplando en ello, comercios, guardería y espacios educativos, áreas de ocio y espacios públicos. Contraponiéndose de esta manera a la idea de construcción de viviendas unifamiliares dispersas en las ciudades. Con la propuesta de elevar los edificios, se pretendía además liberar el suelo.
Fue en estos años y continuando con estas ideas, que Le Corbusier desarrolla su sistema de proporciones, Modulor, basado en las proporciones del cuerpo humano, sistema en el cual que el arquitecto basara la Unidad de Habitación de Marsella. El proyecto que le fuera encargado luego de la segunda guerra mundial consolidaría su idea de vida moderna y forma moderna de habitar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El gran edificio de Hormigón, elevado sobre columnas, con sus característicos parasoles – Brise-soleil – y el colorido de su fachada, resalta sobre el Boulevard Michelet.
Se comienza a construir en 1947 y concluye en 1952. Cuenta con 337 departamentos, diseñados en 23 tipologías que se adaptan a la necesidad y numero de habitantes.
Al encontrarse el edificio elevado del suelo, se genera un espacio libre que contiene los sectores ajardinados, locales de usos múltiples para la comunidad del edificio, áreas para el deporte y juegos infantiles.
El edificio cuenta en los diversos pisos, además de los departamentos, estancias especiales según las edades, como clubes o lugares para el desarrollo de actividades manuales y recreativas para la tercera edad. Los niveles 7 y 8 son especiales ya que en ellos se encuentran, comercios para el abastecimiento y locales para el ocio y el descanso. Todos los espacios se encuentran conectados por ascensores y calles interinas. Destaca en el conjunto la magnifica terraza donde se repiten también las áreas deportivas y de esparcimiento junto con una enfermería y piscina.
Mas allá de conocer o no las ideas de Le Corbusier y sus propuestas, merece la pena la visita a este emblemático edificio, el cual ha sido incorporado por la UNESCO en 2016 a la lista de edificios de Valor Patrimonial para toda la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos otros sitios interesantes para visitar en Marsella
– Museo de Historia de Marsella
– Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo
– Museo de Historia Natural y Museo de Bellas Artes
– Iglesia de Saint Laurent

 

 

 

 

 

 

 

 

 

– La Vieille Charite (vieille-charite-marseille.com)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

– Museo de los muelles romanos.
– Museo de la Marina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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